miércoles, 8 de mayo de 2013

AHORA TE COMPRENDO MAMA

Ahora te comprendo mamá 


Un día una mujer supo que iba a tener un bebé. Su corazón latió más fuerte, se sintió envuelta en un gozo como nunca antes lo había sentido. Salió de la consulta del ginecólogo como en las nubes, sus pies parecían no pisar el suelo. Miró a su alrededor y todo le pareció hermoso, sintió el aire más puro, vio los árboles más frondosos, el cielo más azul… La alegría de su corazón era tan grande, que no podía evitar caminar con una sonrisa en los labios. Era el día más feliz de su vida, el día en que había sabido que iba a ser mamá por primera.
Llegó a su casa y preparó una cena especial para su esposo, quería adecuar el ambiente para darle la noticia. Llegó el esposo y ella esperó a que cenara, entonces le dio la gran noticia. Los minutos que siguieron fueron de inmensa alegría. Lágrimas de felicidad asomaron a los ojos de ambos y se unieron en un amoroso y estrecho abrazo.
Comenzaron los preparativos para recibir a ese bebé tan ansiado. Adquirieron todo lo necesario a través de esos meses de espera. Sufrió todas las incomodidades de los primeros tres meses, los mareos, las náuseas, pero todos esos malestares no tenían la menor importancia para ella, mayor era su dicha que cualquier molestia física. El cuerpo de la mujer fue cambiando, ella sentía los movimientos de ese nuevo ser y se sentía rebosante de amor y felicidad. Llevaba un tesoro dentro de sí, su tesoro más preciado. A medida de que pasaba el tiempo, se le hacía más pesado el andar, su vientre se ponía enorme, pero eso tampoco le importaba. Otras mujeres le habían dicho muchas tonterías respecto a lo que iba a sufrir su cuerpo, que quedaría gorda, que no volvería a tener cintura, que se le iba a caer esto y aquello, pero ella no dejaba que esos malintencionados avisos influyeran en su vida y mucho menos le quitaran esa ilusión tan grande de ser mamá.
Y llegó el día en que su ansiado hijo quiso salir de su tibio refugio materno. Fue como a las dos de la mañana cuando empezó a sentir que su cuerpo se preparaba para el gran acontecimiento. Recordó la cita bíblica donde dice: “Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor…”, pero no le temía al dolor, estaba dispuesta a padecer todo lo necesario para que su hijo naciera. Al paso de las horas, los dolores se hacían más intensos. Acostada en su habitación de la clínica, esperaba paciente, encogiéndose en cada contracción, pero sin queja alguna. Su amado esposo, a su lado, tomando su mano, le daba ánimos y le decía palabras de amor. Llegó el momento en que sintió que ya no podía aguantar más, sentía la necesidad de gritar, se retorcía de dolor. Nunca se imaginó qué clase de dolor sería ese. Las palabras cariñosas de su esposo no tenían ningún efecto en ella, todo su ser se centraba en ese dolor insoportable.

Trató de no pensar en el dolor y vino a su mente su madre, cómo debió haber sufrido al momento de tenerla, antes, ese le parecía un tema intrascendente. Ahora reflexionaba, consideraba a su madre y la admiraba por su valentía al haber tenido cinco hijos. Ahora no pensaba en su dolor, sino en el de su madre. Se avergonzaba de las veces que le había faltado el respeto, en las veces que al verla cansada, limpiando la casa, no le había ofrecido su ayuda. Recordó también las veces que su madre le pidió que la ayudara en algún quehacer y ella se negó diciendo que tenía mucho que estudiar, pero se iba a su cuarto a escuchar música. En un par de segundos, como una ráfaga, vinieron a su mente algunos eventos que ahora le causaban tristeza y vergüenza respecto a su madre. Ahora comprendía todo lo que sufren las madres para dar la vida a un hijo, y luego cuántos sacrificios hace por él, sin pedir nada a cambio, sin embargo ese hijo ¿cómo le paga después? En medio de su dolor, pidió perdón a Dios por no haber sido una buena hija y prometió pedirle perdón a su madre y tratar de recompensarla como ella se lo merecía, dándole todo el amor y las atenciones que por estar ocupada en sí misma no le había dado.

El médico se acercó a la cama, la examinó y le dijo que ya estaba lista para dar a luz. La llevaron a la sala de partos y unos minutos después tenía a su hijo en brazos. El dolor se había esfumado, solo sentía una felicidad indescriptible por ese lindo bebé que Dios le había dado y porque sentía tranquila su conciencia después de esa confesión y su buen propósito, que por supuesto estaba decidida a cumplir.

La llevaron a su habitación. Allí la esperaban su esposo, su madre y sus hermanos, además de sus suegros. Después de las felicitaciones y muestras de cariño de todos los presentes, una enfermera les pidió que salieran para que ella descansara, pero ella solicitó la presencia de su madre. Todos se quedaron sorprendidos, pero fueron saliendo de la habitación. También le pidió a la enfermera que saliera por unos momentos. Cuando quedaron solas ella y su madre en la habitación, no pudo evitar que salieran gruesas lágrimas de arrepentimiento de sus ojos. Su madre no comprendía la causa de esas lágrimas, entonces su hija le dijo:

-       "Mamá, yo quiero pedirte perdón porque no he sido un (a) buen (a) hijo (a), porque no te he valorado ni te he respondido como tú te lo mereces. Ahora sé cuánto cuesta tener un hijo, ahora sé todo lo que tú sufriste para darme la vida, pero no solo hablo del dolor físico mamá, tú has sufrido por mí también esa otra clase de dolor, que es peor que los dolores de parto, el dolor de la indiferencia de una hija por la cual lo diste todo. Me diste tu cuerpo para que me sirviera de refugio mientras me estaba formando, luego ese mismo cuerpo tuyo me alimentó para que permaneciera viva, después me diste tus horas de descanso cuando yo lloraba, ¡cuántas noches pasaste en vela para cuidarme mamá cuando yo enfermaba y nunca escuché que te quejaras!, ¡cuántos días y noches dedicados a mí y a mis hermanos y nunca lo aprecié! …Pensaba que era tu obligación, pero ahora sé que no lo hacías por obligación, sino por amor, ese amor tan grande e incondicional que siente una madre por sus hijos desde antes de darlos a luz”- Ambas se abrazaron como desde hacía tiempo no lo hacían y luego miraron hacia la cuna, ¡realmente ese bebé había traído grandes bendiciones a sus vidas!"

"Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa". 
Salmos 127:3 NVI

Escrito por: Angélica García Sch. 
Para: www.mujerescristianas.org

martes, 7 de mayo de 2013

CUANDO TU SEAS MADRE

Cuando seas madre

Este mensaje va dirigido a aquellas mujeres que algún día serán mamás y a las que ya lo son y aun tienen a sus madres consigo. Cuando tú seas madre, podrás comprender a la tuya. Qué lástima si esto ocurriera cuando fuera ya tarde para decirle: "Mamá, ahora sí te comprendo". El arte de ser madre se aprende en base a las propias experiencias y no es fácil. Ser madre te proporcionará muchas satisfacciones, pero también habrá sinsabores. Tendrás momentos de alegría, tristeza y hasta enojo. Reirás con tus hijos, pero también llorarás con ellos y por ellos. Como madre, tendrás que aprender a manejar una gama muy compleja de emociones y tu sensibilidad será muchas veces incomprendida. Al momento de tener a tu primer hijo, te darás cuenta de que tu vida jamás volverá a ser la misma. Con el paso del tiempo, irás descubriendo muchas cosas. Descubrirás un día que ese bebito que tuviste un día, indefenso, en tus brazos, parece no necesitarte más. ¿Cuándo creció que no te diste cuenta?...Estabas tan ocupada en criarlo, educarlo, alimentarlo, cuidarlo, que...no te percataste. Si apenas ayer, su boquita pronunciaba por primera vez la palabra ¡mamá!, una experiencia inolvidable, la más tierna caricia a los oídos de una madre. Pero has de saber que hay hijos que con esa misma boquita, cuando han crecido, pronuncian palabras hirientes, como: "Mamá, no te metas en mi vida" o "Mamá no me digas lo que tengo que hacer" o "Mamá no me estés molestando, yo sé lo que hago"...y hasta cosas peores. Es de esperar que cuando tú seas madre no sufras esa clase de experiencia que duele hasta el alma.
No te molestes ahora con tu madre si ella se preocupa por ti y ya no eres una niña, así también lo harás tú con tus hijos. Es que el paso del tiempo no disminuye el amor y el interés de una madre por sus hijos. A ella le sigues importando en la misma medida que cuando eras una niña. No desprecies sus atenciones, no te molestes porque te pregunta adónde vas. Pedirle a una madre que no se preocupe por sus hijos, va contra la naturaleza que Dios le dio, ¿es eso tan difícil de comprender?
Sé una hija agradecida. Tu madre no te ha dado todo lo que te ha dado, esperando ser retribuida, porque el amor de madre es incondicional, pero su corazón se llenará de alegría si le diriges una palabra de cariño y gratitud. Escucha los consejos de tu madre con respeto, aunque no estés de acuerdo con sus ideas. No seas contestona ni altanera. Hay muchas cosas que cuando eres joven no te parecen justas, pero cuando tú seas madre, te darás cuenta que ella tenía razón. Ella tiene el deber de corregirte, cuando lo hace no está más que cumpliendo parte de la misión que Dios le dio.
Si aun tienes la dicha de tener una madre, piensa en todas estas cosas. No esperes a que ella se haya ido para reconocer el gran amor que te tuvo. Cuántos hay en este mundo que ya no la tienen ¡valórala, respétala, escúchala, ámala! como se merece. Por último, grábate estas palabras y nunca las olvides: Así como yo quisiera que fueran mis hijos conmigo, así debo ser yo con mi madre.

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, 
Y no desprecies la dirección de tu madre. Proverbios 1:8

Escrito por: Angélica García Sch.

miércoles, 17 de abril de 2013

TEMA: “¿Qué le daremos al Señor? 
TEXTO: SAN JUAN 12: 1-8
INTRODUCCIÓN: 
El Señor ha hecho tantas cosas por nosotros: nos da la vida diariamente, nos da salud, nos da las fuerzas para levantarnos. Nos brinda provisión para nuestras necesidades, nos ha perdonado, protegido y dirigido cada día. 
En el caso de María le hizo el milagro de resucitar a su hermano. ¿Qué favores y misericordias ha hecho el Señor contigo? ¿Qué le darás al Señor? Examinemos la porción y aprendamos de ella lo siguiente: 
I. EL SEÑOR NUNCA RECHAZA UNA INVITACIÓN (12:1). 
A. Lo mas seguro es que María, Marta y Lázaro invitaron al Señor a su casa 
B. El Señor nunca rechazó una invitación. 
1. Entró a la casa de Levy. 
2. Entró a la casa de Zaqueo. 
3. Fue a la casa de la suegra de Pedro y la sanó. Nunca rechazó una invitación. 
C. Lo atendieron muy bien. 
1. Le hicieron cena. 
2. Marta le servía. 
3. Lázaro lo atendía. 
D. ¿Ya invitamos al Señor a entrar a nuestra casa? 
1. Esto puede referirse de manera simbólica a nuestro corazón 
2. También puede ser nuestra casa de manera literal 
E. Es más Él estaba a la puerta llamando para entrar. (Apoc. 3:20). 

II. MARÍA OFRECIÓ AL SEÑOR LO MEJOR QUE TENIA. (V.3). 
A. Ofreció al Señor una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio. (Judas Iscariote lo calculó en 300 denarios) Esto equivalía al salario de un obrero en el año. 
B. Enjugó los pies del Señor con sus cabellos y la casa se llenó del olor del perfume. 
C. Sin saberlo María estaba preparando el cuerpo del Señor para su muerte. 
D. El Señor aceptó su ofrenda.
CONCLUSIÓN: 
Mis amados hermanos y amigos ¿Qué le ofrecemos al Señor? ¿Nuestra vida? ¿Tiempo? ¿Talentos? ¿Fuerzas?......Hagámoslo hoy.

Publicado por: www.destellodesugloria.org

miércoles, 20 de marzo de 2013

TEMA: “PASOS PARA LLEGAR EXITOSOS AL CIELO” 
TEXTO: HEBREOS 12:1-3 

INTRODUCCIÓN: 
Nuestro Señor Jesús vino al mundo y se hizo hombre para mostrarnos que si se puede agradar al Señor y llegar al cielo. Todo el Antiguo Testamento muestra la incapacidad humana de agradar al Señor en base a las fuerzas terrenales. Fue por eso que el Señor les estableció deferentes sacrificios para acercarse a Él y agradarle. Al venir Jesús Él se convirtió en el Cordero que quita el pecado del mundo y que se convierte en el camino al cielo. Es ante esta realidad que nos preguntamos: ¿Cuáles son los pasos para llegar exitosos al cielo? 
 I. RECONOCIENDO QUE SI OTROS HAN PODIDO SER FIELES EN NOSOTROS PODREMOS TAMBIÉN  (V.1) 
A. Los héroes de Hebreos 11 se convierten en una nube grande de testigos que nos dicen “si se puede” 
B. Es motivador saber así como otros como otros superan todo problema para agradar al Señor, nosotros también podemos. ¿Qué hacer para llegar exitosos al cielo? 

II. DESPOJARNOS DE TODO PESO. (V.1)
A. Los grandes atletas ganan la carrera quitando todo peso que obstaculice su accionar. 
B. Qué pesos pueden afectar al atleta cristiano? 
1. Temor. 
2. Angustia.
3. Complejos. 
4. Prejuicios. 
5. Resentimientos. 
6. Rencores. ¿Qué hacer para llegar exitosos al cielo? 

III. DESPOJARNOS DE TODO PECADO. (V.1) 
A. No podemos llegar al cielo practicando el pecado. 
B. La paga del pecado es la muerte (Rom. 6:23) ¿Qué hacer para llegar exitosos al cielo? 

IV. CORRIENDO CON PACIENCIA. (V.1) 
A. Como hijos de Dios no tenemos porqué arrebatarnos en las decisiones que tomemos. 
B. Debemos ser pacientes en todo lo que hagamos. 

CONCLUSIÓN:
¿Cómo propiciar que todo lo anterior se pueda hacer? “PONIENDO A NUESTRO SEÑOR COMO MODELO DE TODO LO QUE HAGAMOS”. (V.2-3) Mi hermano y amigos Jesús quiere que le imitemos.

domingo, 17 de febrero de 2013


Autoridad Extorsionista
A veces vivimos en una cultura “espiritual” y de “liderazgo” en donde todo pareciera una EXTORSIÓN.
Durante años he visto “autoridades” en la Iglesia que lejos de reflejar el amor de Dios y su misericordia viven extorsionando a sus ovejas con frases como: “Si no haces esto, te quitaremos el privilegio”, “Si no tomas esta decisión, ya no te permitiremos servir”, “Si no nos obedeces, entonces ya no te tomaremos en cuenta en nada”.
Conozco muchas personas y cientos también me escriben sobre este error, en donde sus “autoridades” lejos de orientar, aconsejar o guiar, están dando “ordenes” sobre ciertos aspectos de la vida muy personal que de no obedecerles, entonces además de “desobedecer a Dios” están desobedeciendo “su autoridad” y por consiguiente se le retirará su privilegio.
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